La vida de alguien



Si las raíces son fuertes,
los frutos son buenos.
Si las raíces brillan,
lo demás florece.
No importa qué universo
o qué mundo
o qué piedra
o qué tormenta se interponga.
No importa qué dolor o qué sentimiento sienta
qué decepción vea o qué desilusión viva.
Crece.
Para arriba.
Dos extremos como la salida y la puesta de sol
dos extremos como un comienzo y un final
dos extremos de la vida,
dos extremos de un mismo propósito.
No importa el clima
el momento
la edad o los días,
el viento
las sombras
o la oscuridad.
Si desde abajo sano está
hasta el cielo puede llegar.
A pesar del tiempo
a pesar de los cambios
a pesar del sufrimiento.
Nada importa
aunque mucho se piense.
El entorno es sólo algo,
algo de afuera
algo que enseña
algo que marca para que veas
para que sientas.
Pero se forma, se alarga
se intensifica su poder.
No el exterior, el interno.
Y sigue ésa luz
esa luz de objetivo
de que todo vale la pena
de que todo llega
de que es mejor.
Esa luz de vida, que se ve el primer y último día
Aylé Fuente. Con la tecnología de Blogger.